jueves, 12 de diciembre de 2013

REÍR Y LLORAR























Me gusta leer con la persiana entornada, dejando pasar los rayos de luz suficientes para no forzar la vista. Caigo en la cuenta de este detalle mientras me pierdo en las páginas de Claroscuros (Universo, 2013), el primer libro de relatos de Liliana Galvanny.

Se me corta la respiración ante «Silencio se escribe con h». Con lenguaje urgente ofrece el testimonio en primera persona de una mujer maltratada. Atrapa hasta la última línea. Alternando el pasado con el presente, recuerdo el olvido de un enfermo de Alzheimer, donde me sorprende la veracidad. Estoy en el apartado A flor de piel, donde la autora afronta temas delicados con grandes dosis de sensibilidad y un broche de optimismo.

La noche va cayendo y subo la persiana para aprovechar al máximo la luz. Inicio el apartado Transición. Varias mujeres se meten en malos rollos aún a sabiendas de que les harán daño. Un escritor se enfrenta a tal bloqueo que asegura que su sobrina escribe mejores cuentos que él.

Me rodean las tinieblas. No me queda otro remedio que levantarme y conectar el flexo. Abro los ojos como platos ante «El latido del alma». Tiene tres finales diferentes, como los cuentos de Gianni Rodari. Siento claustrofobia en «El abrumador sonido del silencio». El hombre es un lobo para el hombre. Me da rabia que la protagonista de «Un laberinto hacia el miedo», una metáfora del maltrato, tome una decisión «tan irracional como lógica». No se le puede pedir más al apartado experimental del libro: Caos, confusión, enredos.

Si tengo que poner una pega diría que he llorado más que he reído, y nos hace falta ficción entre tanta realidad. Pero tampoco podemos mirar hacia otro lado como los cobardes. Con Liliana Galvanny aprenderemos que la tristeza y la alegría se intercalan, y que el dolor significa estar vivos.


10 comentarios:

  1. Solo puedo decir que me ha encantado tu reseña, hablando de mis claroscuros al ritmo de las luces naturales y artificiales que nos rodean.
    Me alegra conseguir esas lagrimas de la gente que se pierde en mis paginas, no porque me guste hacer llorar, sino quiere decir que he conseguido transmitir algo a traves de unas cuantas palabras.
    Un besazo!!!!

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    1. Me alegra que te hayan gustado mis pinceladas. No es que uno llore, pero consigues que se remuevan cosas por dentro, y siempre es positivo que el mundo no nos resbale demasiado.

      Un abrazo.

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  2. Una reseña maravillosa, compañero. No he leído el libro pero, desde luego, me deja con las ganas de hacerlo. Me cuesta leer sobre esos testimonios, aunque puedan ser ficción, por la parte que me toca. Son muchos años ya embarcada en esta travesía de recuperación del daño. Pero es necesario oír esas voces, las del dolor y la alegría en el dolor, las de la vida. Gracias por traerlo y compartirlo. Lo pongo en cola de mis lecturas.
    Un beso con el corazón..., que no es poco.

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    1. Supongo que a ti te tocará más que a mí, por tu trabajo, pero creo que cualquier persona puede sentir la emoción contenida de estas ficciones nada ficticias.

      Un abrazo.

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  3. Seductora reseña, como todas las tuyas. Veo que este libro promete. La cruel realidad se abre paso cada día que sale el sol, e ignorarla no sirve para que sea menos realidad. Felicidades a su autora.

    Un abrazo.

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    1. De eso se trata un poco: de sugerir el camino para que a otros les apetezca leer y compartir estas páginas. En cuanto a la realidad, me tengo prohibido encender las noticias, pero aún así lo hago. A veces parecen mentira.

      Un abrazo.

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  4. Jose,a lo largo de la reseña transmites que en las historias del primer libro de relatos de Liliana Galvanny. hay, al igual que en la vida real, tanto luces como sombras. Creo que has recogido muy bien esos Claroscuros, das la impresión de que al leerlo habrá que ir en unos episodios con sombrilla y en otros con paraguas.

    Un abrazo.

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    1. Es como salir a la calle en un día extraño: ante la duda llevamos abrigo y manga corta, y un tanga por si hay buen día de playa (sólo en Alicante).
      La compañera escritora nos transmite la dualidad de la vida, aunque se echa de menos un poco de chispa.

      Un abrazo.

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  5. Tomo nota de la recomendación del libro de Liliana Galvanny, Jose.
    Totalmente de acuerdo en la necesidad que tenemos de que la ficción se cuele en nuestra realidad. Los límites entre realidad y ficción; entre vida y literatura es, como sabes por mis escritos, una de mis obsesiones intelectuales. Hablar, contar, es siempre y por definición mentir, fabular.

    Un abrazo.

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    1. Y el que diga que no miente, miente. Lo inquietante es no darse cuenta de que realidad y ficción se barajan en cualquier historia, sea oral o escrita, y que cada uno le imprime el sello de su personalidad.

      Un abrazo.

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